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Serie "El Estilo de Vida Del Reino de Dios" Parte 3
Es el gobierno de Dios. Dios es la fuente de toda autoridad. El es Rey absoluto del universo por derecho inherente, por ser su creador, dueño y gobernador. El es la autoridad suprema sobre todo cuanto existe.
“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. (Salmo 24.1)
La naturaleza obedece al gobierno de Dios de un modo natural y automático. Pero el hombre es un ser con responsabilidad moral y capacidad de decisión, y por lo tanto responsable de sujetarse al gobierno de Dios de un modo consciente e inteligente. Vivir en el reino de Dios significa vivir sujeto a la autoridad de Dios, hacer su voluntad, reconocerle como Rey y dueño absoluto.
Fue precisamente contra esta autoridad que se rebelaron Adán y Eva, y quedaron excluidos del reino de Dios. Rebelión que se extendió a todos los hombres, por cuantos todos pecaron. De allí en adelante la sociedad humana ha vivido en una anarquía moral, haciendo cada uno lo que bien le parecía (Jueces 17.6 y 21.25).
La frase: “Yo hago lo que se me da la gana” describe magistralmente la actitud soberbia y rebelde del corazón humano ante Dios.
Esta es la rebelión que denuncia Dios a través de los profetas: “Crié hijos y los engrandecí y ellos se rebelaron contra mí” (Isaías 1.2) “Mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí” (Oseas 11.7) “EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO”Jesús anuncia la buena noticia: el reino de Dios se ha acercado a los hombres. El propósito fundamental del evangelio es reimplantar el reino de Dios entre los hombres, razón por la cual su tema es siempre el reino de Dios.
Para entrar a este reino hay una condición única e insoslayable: sujetarse incondicionalmente al gobierno de Dios en la persona de su Hijo.
Evangelizar significa esencialmente dar a los hombres la oportunidad de entrar al reino de Dios, para ello, es preciso que al oír el evangelio del reino lo crea y deponiendo su rebeldía e independencia de Dios, se sometan por completo a la autoridad de Jesucristo.
El evangelio debe confrontar a los hombres con el gobierno de Dios y llamarlos a comprometerse con él.
Esta es la constante que observamos en el modo de evangelizar de Jesús. Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, Mateo, Zaqueo y otros, ante el llamado de Jesús son confrontados con el mismo gobierno de Dios. Estos hombres, que hasta ese instante habían gobernado sus propias vidas, se sujetan de allí en más a la autoridad y a la orden específica de Jesús.
“Maestro ¿qué haré para heredar la vida eterna?” pregunta el joven rico. Jesús, después de oír el testimonio de su buena conducta, lo confronta con el reino de Dios diciéndole: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dale a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10.21) El joven no se sujeta al gobierno de Cristo, por lo tanto, no hay conversión, ni salvación, ni recibe la vida eterna. LAS DEMANDAS DEL REINOEn el ámbito evangélico los términos más utilizados para referirse a los que siguen a Cristo son: “creyente” o “convertido”. Pero la palabra más frecuente en el Nuevo Testamento es “discípulo”, que se menciona más de 250 veces.
Muchos creen que existe la posibilidad de ser un simple “creyente”, sin ser discípulo del Señor. Según Jesucristo tal posibilidad no existe. Su orden es hacer discípulos a todas las naciones. El “tren que va al cielo” no tiene boletos de 1º y de 2º clase sino de CLASE ÚNICA. Para subir uno debe hacerse discípulo de Jesucristo, de lo contrario no sube.
Según Jesucristo ¿Cuáles son las condiciones para ser su discípulo?
· Amar a Cristo más que a padre, madre, esposo, esposa, hijos, hermanos y que a la propia vida. Mateo 10.37; Lucas 14.26
· Negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús. Mateo 10.38-39; Marcos 8.34-35; Lucas 14.27
· Renunciar a todo lo que uno posee. Lucas 14.33
· Sujetarse al yugo de Cristo. Mateo 11.29
· Permanecer en sus palabras. Juan 8.31
En cierta ocasión, al predicarle el evangelio del reino a un joven, éste me dijo: ¡Oh, Jesucristo pide mucho! Yo le respondí: “No, no pide mucho, pide “TODO”. DIMENSIÓN PRESENTE Y FUTURA DEL REINO.La dimensión presente es la extensión del reino de Dios. El gobierno moral de Dios se extiende en la medida que hombres y mujeres reconocen a Cristo como autoridad sobre sus vidas.
La dimensión futura es la consumación del reino, que ocurrirá cuando el Rey en persona vuelva.
En las Escrituras hay muchos textos que se refieren a la dimensión presente del reino. Marcos 1.14-15; Lucas 12.31; Lucas 16.16; 17.20-21; Romanos 14.17; Colosenses 1.13; Hebreos 12.28; etc. Y otros que se refieren a la dimensión futura. Mateo 25.34; Marcos 9.47; Gálatas 5.21; Efesios 5.5; 2 º Pedro 1.11; etc.
También hay pasajes que incluyen ambas dimensiones.
En nuestro contexto tradicional hemos enfocado mayormente, la dimensión futura del reino, enredándonos en complejas discusiones escatológicas. Pero lo grave es que hemos perdido de vista la dimensión presente del reino de Dios.
Como resultado, hemos predicado:
un evangelio sin reino, una conversión sin compromiso, un perdón sin arrepentimiento, una fe sin obediencia, una salvación sin sujeción, bendiciones sin demandas, y un cristianismo sin cruz.
Hemos mal interpretado la gracia, considerándola como la permisión de un Dios bueno para no ser tan santos.
Es evidente que necesitamos recuperar la dimensión presente del reino de Dios.
Pablo, en Colosenses 1.13, enseña que la verdadera conversión es ser liberados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo.
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