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Artigos Publicados
¿Qué es el Reino de Dios?
Pr. José Luis Molina

Serie "El Estilo de Vida Del Reino de Dios"
Parte 3

 

Es el gobierno de Dios. Dios es la fuente de toda autoridad. El es Rey absoluto del universo por derecho inherente, por ser su creador, dueño y gobernador. El es la autoridad suprema sobre todo cuanto existe.

“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan”. (Salmo 24.1)

La naturaleza obedece al gobierno de Dios de un modo natural y automático. Pero el hombre es un ser con responsabilidad moral y capacidad de decisión, y por lo tanto responsable de sujetarse al gobierno de Dios de un modo consciente e inteligente. Vivir en el reino de Dios significa vivir sujeto a la autoridad de Dios, hacer su voluntad, reconocerle como Rey y dueño absoluto.

Fue precisamente contra esta autoridad que se rebelaron Adán y Eva, y quedaron excluidos del reino de Dios. Rebelión que se extendió a todos los hombres, por cuantos todos pecaron. De allí en adelante la sociedad humana ha vivido en una anarquía moral, haciendo cada uno lo que bien le parecía (Jueces 17.6 y 21.25).

La frase: “Yo hago lo que se me da la gana” describe magistralmente la actitud soberbia y rebelde del corazón humano ante Dios.

Esta es la rebelión que denuncia Dios a través de los profetas: “Crié hijos y los engrandecí y ellos se rebelaron contra mí” (Isaías 1.2) “Mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí” (Oseas 11.7)

“EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO”

Jesús anuncia la buena noticia: el reino de Dios se ha acercado a los hombres. El propósito fundamental del evangelio es reimplantar el reino de Dios entre los hombres, razón por la cual su tema es siempre el reino de Dios.

Para entrar a este reino hay una condición única e insoslayable: sujetarse incondicionalmente al gobierno de Dios en la persona de su Hijo.

Evangelizar significa esencialmente dar a los hombres la oportunidad de entrar al reino de Dios, para ello, es preciso que al oír el evangelio del reino lo crea y deponiendo su rebeldía e independencia de Dios, se sometan por completo a la autoridad de Jesucristo.

El evangelio debe confrontar a los hombres con el gobierno de Dios y llamarlos a comprometerse con él.

Esta es la constante que observamos en el modo de evangelizar de Jesús. Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, Mateo, Zaqueo y otros, ante el llamado de Jesús son confrontados con el mismo gobierno de Dios. Estos hombres, que hasta ese instante habían gobernado sus propias vidas, se sujetan de allí en más a la autoridad y a la orden específica de Jesús.

“Maestro ¿qué haré para heredar la vida eterna?” pregunta el joven rico. Jesús, después de oír el testimonio de su buena conducta, lo confronta con el reino de Dios diciéndole: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dale a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10.21) El joven no se sujeta al gobierno de Cristo, por lo tanto, no hay conversión, ni salvación, ni recibe la vida eterna.

LAS DEMANDAS DEL REINO

En el ámbito evangélico los términos más utilizados para referirse a los que siguen a Cristo son: “creyente” o “convertido”. Pero la palabra más frecuente en el Nuevo Testamento es “discípulo”, que se menciona más de 250 veces.

Muchos creen que existe la posibilidad de ser un simple “creyente”, sin ser discípulo del Señor. Según Jesucristo tal posibilidad no existe. Su orden es hacer discípulos a todas las naciones. El “tren que va al cielo” no tiene boletos de 1º y de 2º clase sino de CLASE ÚNICA. Para subir uno debe hacerse discípulo de Jesucristo, de lo contrario no sube.

Según Jesucristo ¿Cuáles son las condiciones para ser su discípulo?

·        Amar a Cristo más que a padre, madre, esposo, esposa, hijos, hermanos y que a la propia vida. Mateo 10.37; Lucas 14.26

·        Negarse a uno mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús. Mateo 10.38-39; Marcos 8.34-35; Lucas 14.27

·        Renunciar a todo lo que uno posee. Lucas 14.33

·        Sujetarse al yugo de Cristo. Mateo 11.29

·        Permanecer en sus palabras. Juan 8.31

En cierta ocasión, al predicarle el evangelio del reino a un joven, éste me dijo: ¡Oh, Jesucristo pide mucho! Yo le respondí: “No, no pide mucho, pide “TODO”.

DIMENSIÓN PRESENTE Y FUTURA DEL REINO.

La dimensión presente es la extensión del reino de Dios. El gobierno moral de Dios se extiende en la medida que hombres y mujeres reconocen a Cristo como autoridad sobre sus vidas.

La dimensión futura es la consumación del reino, que ocurrirá cuando el Rey en persona vuelva.

En las Escrituras hay muchos textos que se refieren a la dimensión presente del reino. Marcos 1.14-15; Lucas 12.31; Lucas 16.16; 17.20-21; Romanos 14.17; Colosenses 1.13; Hebreos 12.28; etc. Y otros que se refieren a la dimensión futura. Mateo 25.34; Marcos 9.47; Gálatas 5.21; Efesios 5.5; 2 º Pedro 1.11; etc.

También hay pasajes que incluyen ambas dimensiones.

En nuestro contexto tradicional hemos enfocado mayormente, la dimensión futura del reino, enredándonos en complejas discusiones escatológicas. Pero lo grave es que hemos perdido de vista la dimensión presente del reino de Dios.

Como resultado, hemos predicado:

 un evangelio sin reino,
 una conversión sin compromiso,
 un perdón sin arrepentimiento,
 una fe sin obediencia,
 una salvación sin sujeción,
 bendiciones sin demandas,
 y un cristianismo sin cruz.

Hemos mal interpretado la gracia, considerándola como la permisión de un Dios bueno para no ser tan santos.

Es evidente que  necesitamos recuperar la dimensión presente del reino de Dios.

Pablo, en Colosenses 1.13, enseña que la verdadera conversión es ser liberados de la potestad de las tinieblas y trasladados al reino de Jesucristo.

 

 

 
El Reino de Dios en la enseñanza de Cristo
Pr. José Luis Molina

Serie "El Estilo de Vida Del Reino de Dios"
Parte 2

Al estudiar el desarrollo histórico de la obra de Dios en Europa resulta fácil descubrir que básicamente ha habido dos corrientes o enfoques diferentes en la predicación del evangelio: “el evangelio anticatólico” y “el evangelio de las ofertas”.

“EL EVANGELIO ANTICATÓLICO”

Los primeros misioneros evangélicos que llegan a estos países hallaron un gran predominio del catolicismo romano y se hicieron fuertes en la CONTROVERSIA. Esto resultó en un estilo de predicación en el que el énfasis se puso en aquellos textos bíblicos que contrariaban prácticas y creencias de la iglesia católica. No cuestiono lo que hicieron, simplemente describo una corriente predominante en la primera etapa de la obra misionera.

“EL EVANGELIO DE LAS FACILIDADES”

La vieja corriente anticatólica fue cediendo paso a paso, hace unos 30 ó 40 años, la que en rasgos generales perdura hasta hoy.

¿En qué consiste esta segunda corriente que llamamos “evangelio de las facilidades”?

Inspirada en predicadores de masas y en una errónea comprensión de la “gracia”, con el fin de animar a los pecadores a convertirse y facilitarles el camino, se cometió el grave error (quizás involuntario) de “ensanchar” la angosta puerta de la salvación.

En este enfoque “se ofrecen” al pecador todas las promesas de Cristo, todos los beneficios de la salvación omitiendo casi por completo las demandas del Reino de Dios.

“Cristo te ofrece paz, perdón, felicidad, vida eterna, sanidad, solución a todos tus problemas, liberación de demonios y opresiones, etc.” (y últimamente hasta prosperidad económica); y tú en cambio no tienes que hacer nada, no adquieres compromiso alguno; sólo levanta tu mano y ven al frente. Sólo cree y acepta a Cristo como tu amplio benefactor, Salvador, Sanador, Guardador, Libertador, “Prosperador”, etc. Hemos ensanchado así la estrecha puerta que lleva a la vida, con el mismo grave riesgo de aquél que para “hacerle un favor” a la crisálida le ensancha la abertura del capullo. El gusano salió pero nunca se transformó en mariposa. ¿Cuántos habrá en nuestras congregaciones que han entrado por la puerta angosta, “ensanchada” por nosotros y nunca han alcanzado una verdadera transformación?

EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS

¿Qué evangelio predicaban Jesucristo y los apóstoles?

Jesús comienza su ministerio predicando el evangelio del reino de Dios. (Mateo 4.17; Marcos 1.14-15) y diciendo: “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
•    Recorre toda Galilea predicando en las sinagogas el evangelio del reino. (Mateo 4.23; Lucas 4.43)
•    Recorre todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. (Lucas 8.1)
•    Envía a los doce a predicar el evangelio del reino de Dios. (Lucas 9.2)
•    Envía a los 70 a anunciar el reino de Dios. (Lucas 10.9)
•    Declara que la ley y los profetas llegan hasta Juan el Bautista y que a partir de entonces se predicará el reino. (Lucas 16.16)
•    El tema de la mayoría de las parábolas que enseña es el reino de Dios. (Mateo 13.19; 24, 31, 33, 44, 45, 47, 52; 18.23; 20.1; 22.2; 25.1; 25.14; Marcos 4.11; 26.30; Lucas 8.10; 13.18, 20, etc.)
•    El tema central de sus enseñanzas es el reino de Dios (Mateo 5.3; 6.33; 7.21; 19.13-15; Lucas 12.32-34; 17.20-21; etc.)
•    Jesús resucitado sigue hablando a sus discípulos durante 40 días acerca del reino de Dios. (Hechos 1.3)
•    Felipe en Samaria predica el evangelio del reino de Dios. (Hechos 8.12)
•    Pablo en la sinagoga de Éfeso habla por tres meses sobre el reino de Dios. (Hechos 19.8)
•    Luego en Éfeso se dedica a predicar sobre el reino de Dios por tres años. (Hechos 20.25 y 31)
•    En Roma alquila una casa y por dos años predica a todos los que vienen a él sobre el reino de Dios. (Hechos 28.23 y 30.31)
•    Jesús declara que será predicado este evangelio del reino en todo el mundo antes del fin. (Mateo 24.14)
•    La expresión “reino de Dios” (“de los cielos”, “de Cristo” o “reino”) aparece 133 veces en el Nuevo Testamento.
•     EL EVANGELIO DEL REINO Y LA GRACIA

A muchos de nosotros en el pasado se nos enseñó que no estamos bajo el reino sino bajo la gracia. Que Jesús predicó el reino de Dios a los judíos y como ellos no lo aceptaron lo clausuró, para reabrirlo recién después del arrebatamiento de la iglesia. Que ante el rechazo de Israel, Jesús abrió la puerta a los gentiles, inaugurando una nueva dispensación, la de la gracia. Por lo tanto, las demandas del reino y las exigencias del sermón del monte no son para nosotros ni están vigentes hoy, sino que tienen que ver con el futuro y con el milenio.

Por todos los pasajes señalados anteriormente, especialmente los últimos que aparecen Felipe y Pablo predicando el evangelio del reino en el “tiempo de la gracia”, resulta evidente que no existe un evangelio de la gracia y otro del reino. El evangelio de la gracia de Dios y el evangelio del reino de Dios son una misma cosa. Estamos bajo su gracia y bajo su reino.
 
Calidad y Estilo de Vida
Pr. José Luis Molina
Serie "El Estilo de Vida Del Reino de Dios"
Parte 1

Hay tres palabras que deberían definir nuestros objetivos fundamentales como iglesia del Señor: CALIDAD – UNIDAD – CANTIDAD.
 
Toda gran empresa industrial tiene un departamento de “CONTROL de CALIDAD”. Es hora de que nosotros también lo tengamos. Debemos detenernos a revisar nuestra calidad y estilo de vida y el de nuestra feligresía.
 
De acuerdo con las Sagradas Escrituras, Jesucristo quiere levantar una iglesia gloriosa y santa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante (Efesios 5.26-27); edificada con oro, plata y piedras preciosas (1º Corintios 3.11-15); hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Efesios 4.13).
 
En términos prácticos esto significa una iglesia integrada por familias que viven en paz y armonía. Maridos tiernos, sabios y amables. Esposas sumisas, de carácter afable y apacible. Hijos respetuosos y obedientes. Muchachos y señoritas que llegan vírgenes al casamiento. Ancianos honorables y venerados por los más jóvenes. Niños felices criados en el amor y temor de Dios. Hombres trabajadores, responsables, diligentes, fieles. Mujeres virtuosas, alegres, llenas de buenas obras. Un pueblo diferente, formados por discípulos que aprender a ser humildes, pacientes, mansos, justos, generosos, sinceros, buenos, felices, honrados, íntegros. Discípulos cuyo estilo de vida es amar, perdonar, servir, confesar sus faltas, obedecer, cumplir, sujetarse a las autoridades, pagar los impuestos, ser siempre veraces, confiar en Dios, amar a su prójimo, ayudar, compartir con los necesitados, llorar con los que lloran, alegrarse con los que ríen, ser uno con sus hermanos, devolver bien por mal, sufrir la injusticia, dar gracias siempre y por todo, vencer la tentación, vivir en el gozo del Señor, orar sin cesar, dar testimonio de Jesucristo, ganar a otros para Cristo, hacer discípulos, poner su dinero y sus bienes al servicio de sus hermanos, y sobre todas las cosas, amar a Dios con todo su ser.
 
En la medida que progresemos en calidad, progresaremos en unidad. Porque la unidad es el fruto de la calidad, así como la división es evidencia de inmadurez y carnalidad (1º Corintios 3.1-4).
 
Los hijos de Dios, como hermanos que somos, debemos conformar una sola familia aquí en la tierra, la familia de Dios. Únicamente así devolveremos al evangelio su plena credibilidad ante el mundo. “Que todos sean uno… para que el mundo crea”. (San Juan 17.21)
 
No podemos negar que producir esta calidad y estilo de vida es el propósito del evangelio y debe ser la meta de toda evangelización.
 
También resulta evidente que nuestra sincera labor evangelizadora no ha producido hasta ahora esta calidad y estilo de vida, por lo menos en la gran mayoría de los creyentes. ¿Qué haremos? ¿Nos resignaremos y elaboramos una “teología de resignación”? (Como la de la zorra, que al no poder alcanzar las sabrosas uvas dijo: “las dejo porque están verdes”).
 
¿Proyectaremos y perpetuaremos sobre los próximos 100 años nuestras divisiones y mediocridad? ¿O buscaremos a Dios y su Palabra para que Él use la nueva década como bisagra que haga girar la historia de la iglesia en España hacia el derrotero glorioso que Dios le pre asignó antes de la fundación del mundo?

Pr. José Luis Molina
MCI Málaga - España

 
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